Rendirse puede ser un acto de valientes y no de cobardes

Rendirse puede ser un acto de valientes y no de cobardes
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Escrito por Equipo Editorial

Última actualización: 18 abril, 2018

A veces rendirse no es de cobardes, sino de valientes. Piensa que no siempre rendirse significa falta de valor, sino todo lo contrario: coraje, prudencia, inteligencia emocional. Es más, en algunas circunstancias de la vida el valor necesario para poner un punto y final es mayor que el se necesita para continuar con la historia.

Dejar de oponer resistencia puede ser una buena solución y, en ocasiones, la única salida que tengamos. Y no, no significa que nos sometamos a algo o a alguien ni que nos quedemos sin fuerza como dice el diccionario. Sin embargo, ceder ante alguna adversidad suele ser juzgado por los demás como un acto negativo que nos retrata como débiles, cuando no como cobardes.

La cobardía y la prudencia son dos actitudes distintas

Casi por inercia muchos tendemos a calificar, etiquetar y confundir actitudes que podrían explicar una misma conducta. Este es el caso de ser un cobarde y el de ser prudente. Cualquiera de las dos actitudes podrían explicar que alguien abandonara un proyecto. Sin embargo, si nosotros nos encontramos en este proyecto será más fácil que expliquemos su marcha por cobardía para evitar una disonancia cognitiva -una falta de sincronía entre lo que hacemos y lo que pensamos- molesta para nosotros.

Mujer sonriendo con la cabeza apoyada

Prácticamente toda situación novedosa, responsabilidad o cambio conlleva un miedo, menor o mayor, y todos somos conscientes de ese miedo cuando estamos ahí. Sin embargo, hay personas que por encima de ese miedo valoran que continuar es una mala opción para ellas y por ello no son cobardes. De hecho en muchos casos son valientes porque para ellas quizás era más sencillo continuar y lo complicado era no hacer lo que los demás esperaban.

“El que es prudente es moderado; el que es moderado es constante; el que es constante es imperturbable; el que es imperturbable vive sin tristeza; el que vive sin tristeza es feliz; luego el prudente es feliz”.

-Séneca-

Cobarde es el que se deja llevar por el miedo, el que no quiere correr ningún riesgo, el que escucha a su yo interior y lo niega, el que acepta la infelicidad como precio de la comodidad, etc. Cobarde, en cambio, no es quien retrocede, espera o se rinde en un momento dado de su vida porque considera que esa es una respuesta inteligente para su bienestar.

Rendirse a veces es prudente: estaríamos pensando en los posibles riesgos de seguir donde estamos y actuaríamos de esa manera para no recibir más perjuicios innecesarios. Es más, cambiar cuando algo va mal es de valientes.

La diferencia entre rendirse y el “ya es suficiente”

Puede que el cambio solo pueda llegar tirando la toalla y decidiendo tomar otro camino distinto. Esto sucede porque hay una delgada línea que separa el acto de rendirse de reconocer que ya es suficiente: si ya lo hemos puesto todo de nuestra parte y no hay resultados, es beneficioso desistir y empezar de nuevo.

“Acontece en el orden de las cosas que, cuando se quiere evitar un inconveniente, se incurre en otro. Pero la prudencia estriba en saber conocer la naturaleza de los inconvenientes y aceptar el menos malo por bueno”.

-Maquiavelo-

No se puede forzar algo que no funciona. Tampoco es lícito obligar a nadie a que sienta algo que no siente, ni es rentable tratar de conseguir algo para lo que no estamos formativamente o psicológicamente preparados… Los objetivos a veces llegan en un mal momento o son imposibles: que algo no funcione forma también parte del misterio de la vida.

Chica con bol repleto de manzanas

 

Si lo hemos intentado y hemos peleado pero somos conscientes de que ya no tiene sentido seguir haciéndolo; ¿por qué seguir? Entonces rendirse es un acto de consideración leal y noble en el que tenemos en cuenta al “yo” más intimo.

Si ya no hay razón, no malgastes fuerzas

La energía mejor empleada es aquella que empleamos cultivando el arte de cuidarnos o de cuidar a la s personas que más queremos; por otro lado, la energía con la que contamos es limitada. De esta manera, malgastar fuerzas de una manera inútil y poco provechosa es privarte a ti y a los que quieres de parte de esa energía.

“No rendirnos, nunca, nunca, nunca, nunca, ni en lo grande ni en lo pequeño, ni en lo fundamental ni en lo trivial, no rendirnos jamás excepto a convicciones de valor y sentido común”.

-Winston Churchill-

Pelear sin una razón que se sostenga es similar a darse cabezazos contra la pared: realizamos un esfuerzo superior y solo recogemos debilidad y cansancio. Mientras tanto, nos perdemos otras muchas cosas que realmente sí tenemos a nuestro alcance.

En definitiva, si estás en una situación en la que continuar con cualquier proyecto, personal o profesional, no es factible, quizá sea el momento de plantearte si lo mejor es dejarlo. Recuerda que rendirse no es malo, al revés, siempre es una opción aceptable y en muchos casos inteligente que dista mucho de marcar un fracaso. 


Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.