Roberto Centeno

ROBERTO CENTENO

Representantes de EE.UU., Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China, reunidos la pasada semana con Irán en el mítico hotel Beau Rivage de Lausana (Suiza), han hecho progresos lo suficientemente significativos en áreas clave como para poder continuar negociando hasta el 30 de junio una solución final. Este acuerdo con las seis grandes superpotencias obligaría a Teherán a suspender los dos tercios de su capacidad de enriquecimiento de uranio, lo que sería estrictamente controlado durante diez años. El presidente iraní, Hassan Rouhani, afirmó el jueves en Twitter que “se ha llegado a un acuerdo (en las negociaciones), el proceso para redactar los documentos a firmar puede comenzar de inmediato”.

Los futuros del petróleo para mayo, que ya habían empezado a bajar a principios de la semana pasada, cayeron al conocerse la noticia, un 5,4% el Brent en Londres y un 4% el WTI en Nueva York. Pero esto es solo el principio. Si las sanciones sobre Irán se levantan, 30 millones de barriles de crudo iraní que el país tiene almacenados, muchos de ellos ya cargados en superpetroleros, inundarían un mercado ya de por sí sobresaturado. Y esto era justo lo que le faltaba al mercado para irse por debajo de los 40 dólares. Irak, el segundo mayor productor de la OPEP, ha incrementado sus exportaciones en marzo un 15% respecto a las de febrero. Los inventarios de crudo en EE.UU. subieron 4,77 millones de barriles la pasada semana, hasta la cifra récord de 471,4 millones, y esto no puede continuar.

Varias refinerías norteamericanas empezarán en las próximas semanas a realizar sus paradas de mantenimiento anual, y eso significa que dejarán de procesar crudo durante cuatro o cinco semanas. En esas condiciones la capacidad de almacenamiento de petróleo quedará saturada, lo que obligará areducir producción sí o sí. Desde que la UE puso en marcha el embargo petrolero a Irán en 2012, más de un millón de barriles día, equivalentes al 1% del mercado diario, dejaron de producirse, por lo que esa producción se añadirá de nuevo al mercado. Esta cifra puede parecer pequeña, pero no lo es. Para valorarla baste saber que ha sido un exceso de oferta de solo el 2% la que ha producido la caída de los precios del crudo en un 50% en los últimos doces meses. Añadir otro 1% elevaría el exceso en un 50%, lo que obviamente tendría consecuencias significativas en los precios.

El levantamiento del embargo petrolero ha sido el objetivo principal del Gobierno iraní, cuya economía es fuertemente dependiente de estas exportaciones, lo que ha dañado no solamente el nivel de vida de la población, sino que también ha frenado drásticamente diversos proyectos de puesta en producción de grandes reservas ya descubiertas. Esto incrementará a medio plazo más aún la producción de crudo iraní. Según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional, los ingresos petroleros de Irán han caído a 56.000 millones de dólares en 2014 frente a los 118.000 millones de 2013. Pero incluso antes de la bajada de precios la producción iraní se había recortado tanto por el embargo como por la expulsión de las compañías petroleras occidentales, sin cuya tecnología la capacidad de extracción había caído en un 20%.

El Gobierno de Irán ha expresado su intención de recuperar la producción del pasado e invitar de nuevo a las grandes petroleras internacionales que fueron expulsadas, en un esfuerzo máximo por valorizar al máximo sus recursos, aparte de que ahora hay también grandes petroleras chinas y de otros países emergentes con tecnología suficiente para ayudar en esta tarea, y por supuesto las grandes compañías de servicios, tipo Halliburton oSchlumberger, que estarán encantadas de trabajar para la National Iranian Company. En todo caso esto significa que el acuerdo alcanzado, una vez que haya sido completado y firmado, incrementará significativamente las exportaciones de crudo iraní. Sin embargo, esto llevará su tiempo. No está claro cómo se irán levantando las diferentes sanciones financieras y comerciales, es decir, por qué orden y a qué ritmo, aunque ello dependerá de lo rápido que el Gobierno de Irán cumpla los acuerdos en materia de desmantelamiento de su capacidad de enriquecimiento, de forma absolutamente clara y convincente.

La verificación del cumplimiento de los acuerdos es un proceso que llevará tiempo, y también el incremento de la producción. Algunos expertos creen que el conseguir situar en el mercado un millón adicional de barriles al día no podrá suceder antes de principios de 2017, porque es un hecho técnico muy conocido que cuando un pozo de petróleo ha estado cerrado un largo periodo la recuperación del nivel de producción anterior al cierre lleva bastante tiempo. No obstante, Irán es uno de los grandes productores mundiales y sus reservas probadas son las cuartas del mundo después de Arabia Saudí, Venezuela y Canadá. Sus principales compradores están en Extremo Oriente, China, India, Japón y Corea del Sur, y es cuestión de tiempo que Irán se convierta en una superpotencia petrolera, lo que alteraría el equilibrio geopolítico en Oriente Medio.

El expolio es ya insostenible

Pero con independencia de los plazos el resumen estratégico es claro: el exceso de producción de crudo es algo estructural. Pensar que pueda superar los 50 dólares de forma sostenida es ya una quimera. Precios por debajo de los 40 dólares serán más frecuentes en el futuro que los precios por encima de esta cifra, algo que pone en cuestión todas las viejas tecnologías de energías renovables, que si siempre fueron una ruina, a día de hoy, con el petróleo y el gas natural a menos de la mitad de precio a medio y largo plazo, constituyen un robo inaceptable a los consumidores, en el que España se sitúa a la cabeza, no solo europea, sino mundial.

Si se toman la molestia de analizar el recibo de la luz con que cada mes las familias y empresas españolas experimentan el mayor expolio de toda la UE, donde en muchos países la electricidad cuesta ya la mitad o menos, verán como casi el 50% del mismo corresponde a conceptos tales como “subvenciones a las renovables”, pago del “déficit de tarifa” –originado precisamente por las renovables–, o las redes de transporte, un concepto “nuevo”, porque siempre ha estado dentro del precio del kwh y su cálculo es más que discutible.

Simplemente, no es de recibo que pudiendo generar electricidad mediante losciclos combinados de gas a menos de 30 euros el MW/hora, con los precios de gas ajustados al nivel medio europeo (no al que el Gobierno del PP les permite a los monopolistas), tengamos que generar con prioridad energía solar a 430 euros el MW/hora, y subvencionar con 400 euros por MW a los oligopolistas, especuladores o inversores engañados, y energía eólica a 85 euros MW hora y subvencionarla con 55 euros MW. El desprecio absoluto del Gobierno del PP –que no solo carece de empatía, sino que hace gala de ello por los millones de personas humildes que no pueden encender la calefacción, por la clase media que tiene que afrontar unos recibos de la luz monstruosos o por las empresas que no pueden competir con una energía que les cuesta el doble que sus competidores internacionales (cuatro veces más que en EEUU)– es tan pavoroso que resulta inaudito que todavía existan millones de personas capaces de creerse la recuperación que propugna el PP y la creación de trabajos basura de 645 euros al mes, a lo que esta clase política despiadada llama eufemísticamente empleo.

Y en cuanto a los monopolios petrolero y gasista, su abuso de posición dominante resulta escandaloso. El precio del petróleo ha bajado en 50% desde mediados del año pasado y los precios de las gasolinas y los gasóleos en esta Semana Santa de 2015 se encuentran prácticamente al mismo nivel que entonces. Es una vergüenza. La gente se moviliza y sale a la calle por un partido de fútbol o para pedir generalidades como trabajo digno, y no es capaz de hacerlo contra el robo masivo del que diariamente es objeto. ¿De qué sirven multas de 30 o 40 millones de euros, que además las petroleras no pagan jamás porque las recurren y pasan años antes de que acabe un proceso que al final se queda en nada? ¿Pero qué burla es esa hacia los ciudadanos?

Cuando no existe competencia, como es el caso de España, los Gobiernos tienen procedimientos de una eficacia total para impedir el abuso, y que en España un servidor puso en marcha en los años 80 y funcionó perfectamente: un sistema de precios máximos. Los precios de las gasolinas y los gasóleos cambiaban cada semana, pero no podían superar la media de la semana anterior en los cinco países centrales de la UE (Reino Unido, Alemania, Francia, Holanda y Austria). Este sistema bajaría los precios al público una media del 10% como mínimo. En el caso del gas natural, cuyos precios son un expolio manifiesto, el sistema puede funcionar exactamente igual. Para implantar este sistema solo hace falta una cosa: un Gobierno comprometido en defender los intereses de los ciudadanos y no los de los oligarcas del Ibex, como hace el PP.

Una observación final. Volviendo a Madrid desde Marbella por la ruta más habitual, las autopistas de peaje y la nueva autovía a Córdoba, en los primeros 300 kilómetros, casi hasta llegar a Bailén, todas las estaciones de servicio eran de Repsol. Esto sería impensable en cualquier otro país, en el que, cuando una estación de servicio es de la empresa X, al menos las dos siguientes tienen que ser obligatoriamente de compañías diferentes. Y aquí no solo no pasa eso, sino que cuando se ponen en servicio nuevas autovías o autopistas, las estaciones de servicio de las mismas se conceden por las autoridades correspondientes aRepsol, mayoritariamente, y luego a Cepsa, ambas condenadas por concertar precios.

Y sin embargo son ustedes, los paganos, los expoliados sin derecho a réplica(¿han tratado alguna vez de recurrir un recibo de la luz o del gas?) quienes sostienen con sus votos al Gobierno que lo hace posible. Si hechos como los que acabo de relatar –que al contrario que la recuperación de Rajoy, que solo notan en que cada vez les bajan los sueldos y la mayoría de impuestos como el IBI y otros muchos, sí están afectando seriamente a sus bolsillos– no les llevan a la profunda indignación contra una política hecha en contra de los ciudadanos y a favor de los oligarcas y de las entidades financieras alemanas, no tendrán derecho a quejarse de que el precio de la electricidad, el gas y las gasolinas supere de lejos a los pagados no solo por los europeos, sino por todos los ciudadanos del mundo desarrollado.

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